Transvalorar la oración

Actualizado: jun 30

Lo que quiero alcanzar es el perfeccionamiento de mí mismo, para mirar a Dios cara a cara. Autobiografía, Mahatma Gandhi.


Si me propusiera preguntar a las personas más cercanas de mi entorno si dedican algo de su tiempo a la oración, estoy casi convencida de que solo mi abuela me contestaría que reza todas las noches. Estoy haciendo una suposición, aún no he hecho la pregunta y quizá alguien me sorprendería.


En mi caso dedico un mínimo de 30 minutos diarios a orar. Lo considero fundamental para mi bienestar y la oración es la única vía para comunicarnos y conectar con la fuente e Inteligencia Universal, que reside en el interior de cada uno de nosotros.

Señala Napoleon Hill en su libro ‘Piense y hágase rico’ que “la mayoría de las personas recurren al rezo solo después de que todo lo demás no haya funcionado, van a rezar con la mente llena de temores y dudas, que son las emociones sobre las cuales actúa el subconsciente y trasmite a la Inteligencia Infinita”.


En este sentido, explica que “si uno reza por algo, pero durante el rezo tiene miedo de no poder recibirlo o de que la Inteligencia Infinita no actúe sobre su plegaria, ésta habrá sido en vano”.


El filósofo alemán Nietzsche no fue solo el encargado de anunciar la muerte de Dios, también esbozó una idea que, desde que se introdujo en mi mente, nunca ha dejado de resonar: la transvaloración.


Decía Nietzsche que con el cristianismo se cambió el sentido de lo que era ‘bueno’ y lo que era ‘malo’. En su origen, estos dos conceptos representaban a dos castas, al noble y al plebeyo, respectivamente. Fue con la llegada del cristianismo que lo ‘bueno’ se empezó a relacionar con lo humilde, lo pobre, con el esclavo, y lo ‘malo’, con lo rico y poderoso. El comportamiento de Jesús fue el culmen de esta idea de transvaloración pues Jesús fue extremadamente pobre y extremadamente bueno. Fue crucificado por los más poderosos y ricos de la época mientras se aferraba por difundir un mensaje de amor, honradez y humildad. Hoy, ¿cuál es la moral que seguimos para calificar lo ‘bueno’ y lo ‘malo’?


Quería explicar que había escogido el término ‘transvalorar’ para introducir mi concepto de oración, de rezo. Me suena bien eso de “voy a transvalorar la oración”. Y, ¿qué quiero decir con esto? Quiero decir que quiero devolver a la humanidad el espacio dedicado a la oración, al rezo, a la comunión y conexión con nuestra fuente y esencia, con Dios o como lo quieras llamar, pero sin eucaristía, sin juicios, sin Cuerpo ni Sangre de Cristo, sin homilía, simplemente conectando con nuestro interior.


Me crie en la educación católica, con rezos diarios, con muchos ‘Padres- nuestros’ y ‘Ave María’. Pero nada me convenció; no entendía aquello y en la actualidad sigo pensando que los administradores o divulgadores de esta y otras religiones con las que no estoy tan familiarizada, no saben explicar la esencia de todas las oraciones y plegarias. No cala el contenido, aunque la forma se ha mantenido durante muchos años.


Orar, rezar, se encuentra en los orígenes de la humanidad. El espacio para conectar con la fuente es fundamental para llevar una vida buena, feliz, abundante y con propósito.


Mi abuela paterna, me cuenta mi padre, se levantaba antes del amanecer para rezar. Eso hay que mantenerlo. Me refiero al orar antes del amanecer y antes de dormir.


¿Alguien te dijo que el orar te llevaría a cumplir tus sueños, que te acercaría a ser la persona que quisieras, que te conectaría directamente con el amor, con tu esencia y con Dios?


Para mí orar no significaba unión sino separación. Dios arriba y yo abajo, yo pedía y Él concedía, yo agradecía y Él sonreía.


Si ahora me preguntaran qué es para mí orar podría decir que es el mejor momento de mi día; un espacio que siempre quiero crear desde el corazón; una conexión que se ha convertido en un hábito; un lugar donde no hay juicios, ni expectativas, sin sufrimiento, sin sangre; un momento donde conecto con el resto del Universo, con la energía, con la Inteligencia Infinita, conmigo misma; un lugar de comunión y creatividad desde el que puedo proyectar mis más anhelados deseos y sueños, desde donde descubrí mi propósito, desde el que escucho el tambor del corazón y percibo el fluir de la energía. Un silencio en el que me sé uno con todo.


Para aquellas personas que no os describáis como espirituales y optéis por llevar una filosofía de vida más materialista, os diré que meditar es muy material, una cosa no está reñida con la otra, al fin y al cabo, la materia viene del espíritu y no al revés.


Meditar, que será parte de tu oración diaria, traerá múltiples beneficios a tu día a día; mejoras en tu salud, en tu estado físico, en desarrollar habilidades como la paciencia, la calma y te apoyará en la proyección de aquello que desees en lo más profundo de tu corazón. No olvides que la mente es creativa si se pone intención y atención y que la atención se consigue con la meditación. Si no meditas, tu atención en algo no durará más de seis segundos, imposible que crees algo con eso.


Quiero proponeros una oración principal diaria de aproximadamente 45 minutos que hará que vuestra vida cambie, que cada día aceptes más y sufras menos, que seas mejor en aquello que desees y elijas. Dejemos de pensar que la oración es algo que pertenece solo al espacio de la religión; la oración es tu momento de conexión con la divinidad, con el Universo, con la inteligencia pura, de conectar con el lugar de donde vienes. Acalla tu mente y escucha tu interior.


Oremos


Selecciona un lugar en el que no vayas a ser molestado o interrumpido por las mañanas -si puede ser antes del amanecer, mejor, son momentos del día poderosos-. También puedes elegir hacerlo por la noche, antes de cenar. Es importante que afrontes el espacio de oración ligero.


Si te gusta este mundo, te animo a que decores y aromatices tu espacio. Yo cada día voy cambiando; uso palo santo, romero, canela, salvia, velas aromáticas, difusores. Y pongo a mi alrededor imágenes que me inspiran como cartas del tarot o imágenes de arquetipos que yo misma he dibujado. Me cuelgo un japa mala, uso piedras. No olvides que es un espacio creativo y de conexión, también puedes optar por hacerlo en la naturaleza.


Ejercicios corporales pre-meditación (opcional). Puedes buscar en internet 'ejercicios previos a la meditación' o hacer yoga.


Lectura de texto o afirmación del día. En este punto, puedes elegir cada día un texto no muy largo que te motive o inspire. Pinchando aquí puedes acceder a los 365 de meditación para el aquí y el ahora de Osho.


Meditación (15 - 20 minutos).


Propósito del día, piensa cómo vas a contribuir al bien.


Proyección. Imagina y visualízate siendo como quieres ser, con aquello que deseas. Crea una imagen mental y poténciala con una buena emoción y sentimiento.