Sumergidos en el cambio de paradigma laboral

Actualizado: ene 14

Mi abuela, ahora que ya no me dedico al negocio familiar, siempre que habla con alguien nuevo le dice: "Cuéntaselo tú, Marta, que yo no sé explicar lo que haces". Entiende que es algo relacionado con conocerse a uno mismo y poco más. Comprender el modelo de negocio que hay detrás de esta página web sería tarea complicada para una persona de la llamada 'generación silenciosa'; gente que hicieron frente a las dificultades económicas y sociales del momento trabajando "duro", sobre todo, para el sistema y el Estado, con empleos que llamo ahora de los de "antes", aunque sigan existiendo y siendo necesarios, no sé cuánto duren más allá de la forma en la que los hemos conocido. Concretamente, mi abuela, fue enfermera, bueno, aún lo sigue siendo, aunque no ejerza, y para ella la definición de trabajo responde a la de empleado, la de tener un jefe, un horario fijo, un lugar de trabajo, vacaciones pagadas, en fin, lo que tod@s conocemos. Recuerdo hace unos días, hablando sobre un amigo, me decía -mi abuela-: "Claro, Marta, es que él tiene un trabajo de verdad". Bueno, pues aquí me encuentro escribiendo este texto en el que me inclino a pensar que lo que mi abuela considera "trabajo de verdad" está cambiando, aún no tengo muy claro hacia dónde, pero totalmente segura de que estamos sumergidos en el cambio de paradigma de lo que hasta a día de hoy se ha conocido como un 'empleo normal' en el terreno laboral.


La jornada laboral de ocho horas


La jornada laboral de ocho horas, que se empezó a implementar con la Revolución Industrial, pretendía conseguir un equilibrio entre trabajo, descanso y ocio (8 x 8 x 8 ). A este sistema le siguió el escolar, que buscaba mantener a los niñ@s en un espacio educativo las horas que los padres estaban trabajando. Por aquel entonces, las personas que trabajaban en casa se reducían a las "amas de casa", en su mayoría mujeres que se encargaban de las tareas del hogar y de la crianza de los hij@s sin retribución económica ninguna. Pensar en el teletrabajo como lo concebimos a día de hoy era poco imaginable.


No fue hasta los años 70 que el trabajador de la NASA Jack Nilles propuso el teletrabajo como posible alternativa a la crisis petrolera que estaba viviendo EEUU con el objetivo de reducir el número de traslados de los empleados a los lugares de trabajo cuando no era necesario. Pero el boom llegó con Internet; en España, en el año 2006 se constituye el Plan Concilia para regular el Teletrabajo y en Colombia, por poner otro ejemplo, en el año 2008 se expidió la ley del Teletrabajo.


Y ahora el teletrabajo, de la mano de la pandemia de la Covid-19, se está convirtiendo en la modalidad favorita de muchas empresas para sus trabajadores. ¿No piensan los directivos al igual que yo en la reducción de costes que conlleva el poder eliminar una oficina en la que trabajan 100 personas? Agua, electricidad, alquiler, son solo algunos ejemplos de los costes que se podrían reducir. Por supuesto que existen los trabajos de toda la vida, un conductor de camión no lo puede hacer desde casa pero, ¿qué pasa con el médico? ¿No se están realizando ya muchas consultas a través de video-llamada? No sólo está cambiando el espacio desde el cual trabajo -me refiero a las tareas de oficina- sino que el lugar de interacción entre el consumidor y el proveedor, colegas o socios se está moviendo de la oficina o la sala de reuniones a la red. Los puntos negros que se visualizan del teletrabajo podrían estar relacionados con la seguridad de los empleados, ¿qué sucede si te ocurre un accidente mientras trabajas pero no te encuentras en una oficina de la empresa?


Los trabajos de "ahora" se caracterizan, entre otras cosas, por usar las ventajas que proporcionan las nuevas tecnologías y las redes sociales en la promoción y difusión de los servicios y productos. Los nuevos trabajadores son más independientes, freelancers, autónomos o empresarios, pueden gestionar su jornada laboral, trabajar desde casa o cualquier otro lado, simplemente necesitan un dispositivo desde el que estar conectados. Además, tienen unos ingresos variables y orientados a resultados. 


Retando a Amazon


Hace un par de días, venía uno de los repartidores de Amazon a traerme un paquete y daba la casualidad que ya nos conocía porque había traído anteriormente a casa un pedido de El Corte Inglés. Me comentaba, el señor, que se había cambiado de empleo; ahora trabajaba menos días a la semana y cobraba lo mismo, así que le merecía toda la pena.


Con respecto a este tema, leía a finales del mes pasado en el periódico Expansión que El Corte Inglés había lanzado una aplicación con la que pretendía "retar" al gigante Amazon y revolucionar la manera de comprar de los consumidores. Parece que entre las ventajas que ofrecía, se encuentra la posibilidad de que los usuarios pueden pagar con la tarjeta de El Corte Inglés además de contar con una "home" personalizada, con ofertas propias y adecuadas a sus gustos e intereses. Aún así, creo que utilizar el verbo "retar" en el titular del artículo tiene poco o nada de realista; El Corte Inglés no estará -por el momento- en el lugar en el que se encuentra Amazon. Y, según las informaciones que me llegan, no sólo a nivel de logística y oferta, también a nivel de salario y contratación laboral. Me decía el mismo repartidor que todas las semanas entraba gente nueva en la empresa -no son autónomos- lo que quiere decir que el negocio de Amazon, al menos en mi localidad, que no es muy grande, no para de crecer.


Así que voy a crear también la categoría de "empresas de antes" -y con este denominador me refiero a que existían antes del boom de Internet-. Me parece fantástico que El Corte Inglés se atreva a "retar" a Amazon, eso quiere decir que, como empresa, no quiere quedarse a la deriva con planes y estrategias que ya no van con el estilo de vida del usuario.


El cambio está aquí, ni siquiera a las puertas. Y tanto las empresas como las personas tenemos que adaptarnos a la nueva demanda, oferta, a las condiciones que se están generando con este cambio de paradigma. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de quedarnos sin parte de esta abundancia y riqueza global, anclados a una concepción del mundo laboral que ya está obsoleta.