Qué es la meditación y sus beneficios para la salud

Actualizado: abr 27

Seguramente, habrás escuchado hablar a alguien sobre la meditación. Ahora el despertar de la conciencia y, con ello, el camino espiritual, está en auge y la meditación forma parte de ello. Pero ¿qué es realmente la meditación? Me gustaría en este camino esclarecer también este concepto. La meditación es una práctica que forma parte del que también habrás oído hablar dominio del ‘mindfulness’ o la atención plena, que tiene como objetivo principal estar presente, aprender a vivir enfocando nuestra atención en lo que nos está sucediendo, aprendiendo a acallar nuestra mente y apaciguar la turbulencia mental. Estar consciente, vivir el ‘mindfulness’, significa prestar atención a las actividades que realizo, enfocando mi atención en el momento presente y conectando con lo que está sucediendo.

Los neurocientíficos señalan que nuestro cerebro utiliza alrededor del cinco por ciento de su energía en la actividad consciente, el resto de lo que hacemos, las decisiones que tomamos, por ejemplo, lo realizamos en modo programa, con el inconsciente, es decir, desde unos procesos psíquicos que desconocemos pero que nos condicionan. Parece que en los últimos años se están realizando estudios, investigaciones y experimentos que nos están acercando a la psique humana, la realidad, es que hasta hace poco no teníamos ni idea de qué era. Y, ¿qué tiene que ver todo esto con la meditación? Bueno, la meditación es un apoyo para lograr ese objetivo de estar más consciente a lo largo del día, de estar conectado con mi cuerpo, con lo que está sucediendo en él.


Quiero compartir con vosotros la definición de meditación más general proveniente de las filosofías orientales. La meditación es la práctica basada en la atención plena que tiene como finalidad ser consciente de la no dualidad, de la unidad cuerpo y espíritu o unidad del ser. ¿Qué significa esto? Aquí estamos hablando de la finalidad de la actividad de la meditación. Puede que de esto no hayas oído nada, pero se menciona mucho en el ámbito de la espiritualidad y de la física cuántica que “somos uno o somos un todo conectado”. Vayamos un poco más atrás para explicar qué quiere decir esto. Nuestro sistema de creencias, por el que pensamos que algo es bueno o algo es malo, que si una cosa está aquí no puede estar allá, que algo es alto o es bajo o que esto es causa de aquello, nos ha hecho ver el mundo desde una dualidad por la que nos sentimos separados del resto de seres, de la naturaleza, de la Tierra, del Universo. Hablamos y solo se nos oye decir “yo, yo y yo”. ¿Por qué me pasa esto a mí? Eso es un sistema de creencias que solo existe en nuestra mente y cada mente humana tiene su propio sistema de creencias basado en su cultura, educación y experiencias de vida, pero existe un denominador común que es la dualidad, la separación del mundo en dos. Otro asunto es cómo cada uno interpreta esa realidad que ha concebido como dual. Por ejemplo, hablábamos en el capítulo anterior de la división cartesiana entre materia y espíritu, cuerpo y mente.


Los hallazgos en el ámbito de la ciencia son reveladores y sorprendentes y muestran que esa dualidad no forma parte de la realidad. No estamos solos en este mundo, estamos conectados con todo. Piénsalo de esta forma; los seres humanos nos alimentamos de lo que hay en la Tierra, venimos de una evolución, respiramos el aire, y todo lo que tomamos, lo devolvemos después a la Tierra. Inspiramos y exhalamos, simplemente que a la hora de devolver aquello que hemos tomado, la sustancia ha sufrido una transformación. La Tierra, a su vez, forma parte del sistema solar y el sistema solar forma parte de nuestra galaxia, la Vía Láctea, una de las miles de millones de galaxias del que ahora parece que sería nuestro Universo, porque podría haber otros.


Formamos parte de un sistema que está conectado y que comenzaría, según señalan los últimos estudios en mecánica cuántica, de un campo vacío o de potencialidad pura donde todo es posible. De este campo de probabilidades o campo vacío surgen las partículas más elementales que conforman la materia. Pero ¿qué es la materia? La materia es energía condensada, la materia está formada por átomos que en esencia son solo espacio vacío. ¿Te explicó alguien alguna vez que el átomo que existe en la materia está compuesto en un 99,9 por ciento por espacio vacío? Hubo una comparación que realizó la física Sonia Fernández-Vidal durante una charla que decía:


“Imaginaos que cojo todos los átomos de toda la humanidad, de todas las personas que estamos sobre la Tierra y cojo los electrones y los núcleos -las partículas que forman esos átomos- y los agrupo, agrupo todas las partículas de todas las personas que estamos sobre la Tierra. Todos nosotros, toda la humanidad, si quitamos el espacio vacío que hay en medio, cabríamos en un simple terrón de azúcar”.

Impresionante. Nuestro cuerpo emite energía y absorbe energía por lo que todo lo que hay a nuestro alrededor nos afecta, nos conecta. Si alguien está de mal humor, esa energía nos afecta, si alguien está feliz y alegre, nos puede llegar a traspasar esa energía, yo puedo traspasar energía a las plantas, a mi perro. No es posible pensar hoy con los hallazgos sobre la mesa que estamos separados del mundo y que no podemos influir sobre él, que somos víctimas de una serie de consecuencias y circunstancias y que nada podemos hacer ante ello. Si alguien quiere seguir viviendo como una víctima, puede hacerlo, pero que lo haga con conocimiento de causa. El más ignorante es el que ni siquiera se toma la molestia de conocer pudiendo hacerlo.


La meditación tiene como objetivo llegar a percibir el mundo, no desde esa dualidad sino como el todo que es; un todo de energía e información que está conectado y que nace de ese campo vacío de potencialidad infinita. Parece ser que desde ese campo también brota la información que hace que se forme una galaxia, la información que hace posible la vida en la Tierra, está escrita en la energía.


Para llegar a este punto en la meditación, es decir, a conectar con esa unidad, se necesita una práctica avanzada y lo más urgente en este momento para la humanidad es comenzar a incluirla como rutina diaria para empezar a ver los beneficios tanto en su salud, como en sus relaciones, como en su vida en general y, en consecuencia, en el todo que somos.


Los pensamientos son bruma mental que no nos dejan ver lo que hay detrás, el espíritu, la esencia que nos da forma, ese campo del que emergemos. Fíjate un momento en cómo funciona tu mente, cómo van y vienen pensamientos, cómo pasan de una cosa a otra. Intenta sentarte y acallar la mente, verás que, como cuando un adicto necesita su sustancia, la mente necesita pensar en algo, algo muy urgente. Pero tú no eres esa mente, no te identifiques con ella, puedes llegar a observar cómo funciona.


Dice el doctor Deepak Chopra en su libro ‘Sincrodestino’ que:


“El propósito de la meditación es dejar de pensar por un momento, esperar que la neblina de pensamientos se disipe y dar un vistazo al espíritu interior. Para la mayoría es muy difícil controlar el torrente de pensamientos. Los principiantes pueden sentirse frustrados, pero la frustración es apenas otro pensamiento, otra emoción que se interpone en el camino. El objetivo es liberar todos los pensamientos con tranquilidad y mesura”.

La práctica de la meditación se basa en acallar la mente, permanecer en silencio y conectar con nuestro cuerpo. Vivir ese momento con la menor identificación mental posible. Poner atención en el ahora, en ese presente donde no hay lugar para el sufrimiento porque, cuando la mente calla, no hay sufrimiento. Con este ejercicio, comenzaremos a aumentar la atención en lo que hacemos en nuestro día a día, en lo que hay a nuestro alrededor, activaremos nuestros sentidos y viviremos menos desde nuestro programa o inconsciente. Empezaremos a notar los cambios porque, lo que nos desvelan últimos experimentos llevados a cabo por el Instituto de Ciencias Noéticas es que se puede probar la influencia de la atención en el mundo físico y, cuanto más medito, mayor influencia tengo en la realidad. Escuché a la doctora en Física María Victoria Fonseca decir: “La atención enfocada con una intención clara crea realidad”.


Conforme se aumenta la práctica, se pueden ir incluyendo otros ejercicios de proyección, de atención en aquello que nos gustaría manifestar en la vida, de enfocarnos en aquello que deseamos. Poner atención e intención en nuestras vidas, sabiendo qué es lo que quiero y cuál es mi propósito, tiene un gran poder. La misma práctica de la meditación te llevará a conectar con tus deseos más profundos.


¿Cómo empezamos a meditar?


Si no estás familiarizado con esta práctica, te recomiendo que visites a alguien que te pueda guiar o prueba a ver algún vídeo por internet. Hay cientos de miles. Desde meditaciones guiadas, meditaciones con mantra, meditaciones para dormir, para atraer abundancia o para el amor. También existen aplicaciones para comenzar a meditar. Una de las prácticas más comunes y básicas es la meditación enfocándose en la respiración. Se trata de encontrar una postura cómoda, sentada, con la espalda recta y la barbilla paralela al suelo, las manos sobre el regazo. Poco a poco conectamos con nuestro cuerpo y nos enfocamos en la respiración, en cómo entra y sale el aire por la nariz. En ningún momento se modifica la respiración, simplemente se observa su curso, cómo cambia -si lo hace-. También se observan los pensamientos que llegan y, sin engancharnos a ellos, nos volvemos a enfocar en la respiración. Lo propio sería meditar durante unos 10 o 15 minutos al día para empezar.


Beneficios para la salud de la meditación


Médicos y científicos de diferentes partes del planeta ya están divulgando los beneficios a nivel salud mental y física de la meditación. Hablan de que potencia en gran medida y de manera sorprendente el funcionamiento del sistema inmune.


Igualmente, regula la tensión arterial y mejora el control del azúcar en personas con diabetes.


También tiene un impacto positivo en personas con distintos tipos de tumores malignos y enfermedades degenerativas.


Investigadores han demostrado que la gente que medita cuenta con mayor grosor de la corteza cerebral a medida que pasan los años por lo que el deterioro cerebral también es menor. Por tanto, la meditación ayuda a tener el cerebro más sano.


Quiero añadir que vivir con la mayor atención posible en lo que hacemos, desde el ‘mindfulness’ o el estar presente, reduce el número de infortunios; al vivir más consciente de lo que hago, es menos probable que pierda cosas, que tenga un accidente de tráfico, que olvide algo importante. Vivir desde la consciencia y no desde el piloto automático nos hace prestar atención en lo que hacemos y, con ello, estar pendiente de lo que sucede en la carretera, dentro de mi coche; saber y recordar dónde puse aquellas llaves o a qué me comprometí con esa persona.