"Hacer ejercicio físico es un spa para el cerebro"

Actualizado: mar 3

Imagina a los primeros seres humanos aguardando por su comida. Si eso hubiera pasado, ahora no estaríamos aquí. Esto lo pienso mientras espero sentada a que un delivery me traiga la comida a la puerta de casa. Nuestro cuerpo tiene funciones y una de ellas no es permanecer día sí y otro también sentados bajo el calefactor de casa, andando 10 minutos al día porque tenemos que sacar al perro o comprar algo que nos falta en el supermercado. Según la European Heart Network, el 42 por ciento de los mayores de 18 años en España no realiza ningún tipo de actividad física durante la semana.


He escrito varios artículos relacionados con el ejercicio físico y el bienestar. En mi primer artículo, ‘Por qué debes comenzar a hacer ejercicio físico para crear bienestar en tu vida’, relataba cómo fueron mis inicios en el mundo del entrenamiento y los beneficios que trajo a mi vida hacer ejercicio de manera regular. También he recomendado algunas aplicaciones que utilizo para mantenerme activa en casa, muy útil en tiempos de pandemia.


Lo que me motivó a escribir este post fue una conversación con diferentes personas en las que unas me decían que se encontraban bien sin estar activas y otras me comentaban que no todos tenemos las mismas inquietudes ni prioridades. Y si bien esto último es cierto, cada persona es distinta y tiene motivaciones diferentes, ningún argumento ha sido suficiente para que deje de afirmar que realizar actividad física está en la naturaleza del ser humano.


Las personas hemos sido sobre la Tierra más tiempo nómadas que sedentarias. El nomadismo permitió que se poblara el planeta; el ser humano se trasladaba en busca de alimento y agua. Una de las teorías que analiza la llegada del sedentarismo y el comienzo de los asentamientos humanos señala que estos surgieron hace unos 10.000 años como una de las soluciones para preservar los alimentos. Nacía la agricultura. Este sedentarismo no tiene nada que ver con el sedentarismo de hoy en día porque, si bien los humanos permanecieron y se desarrollaron en un mismo lugar, trabajaban la tierra, iban a pescar, cazaban, criaban animales, cocinaban, realizaban todo lo necesario para garantizar la supervivencia de ellos mismos y de la especie. En nuestros días, tenemos que permanecer sentados muchas horas para trabajar, ver películas, series, jugar, revisar el móvil… Ni siquiera tenemos tiempo de prepararnos nuestro propio alimento. No tiene sentido que alguien diga que no es necesaria la actividad física y, si lo dice, es porque no ha comprobado los beneficios que ésta trae consigo. Si el sedentarismo de entonces hubiera sido el de ahora, repito, no estaríamos aquí.


El cambio de mi estilo de vida comenzó en un restaurante libanés en el emirato de Umm Al Quwaim hace poco más de cuatro años. Era el cumpleaños de un amigo y había una chica brasileña que bailaba belly dance. -o danza del vientre-. Me encantó como se movía y pensé ¿por qué no lo intento yo? La búsqueda de un lugar donde enseñaran aquella práctica me llevó al gimnasio y el gimnasio me llevó a conocer a personas maravillosas que me motivaron con sus clases y que me hicieron descubrir en mí una faceta que desconocía; aquello no se me daba tan mal. Desde entonces, todo ha ido a mejor y ahora entiendo el porqué; lo explica muy bien la neurocientífica Wendy Suzuki en una entrevista llevada a cabo por el proyecto ‘Aprendemos juntos’ del BBVA y El País. Su historia también comenzaba en un gimnasio. “Como humanos, estamos hechos para movernos”, decía.


En su laboratorio, Suzuki comprobó cómo el ejercicio físico aumenta el estado de ánimo y la productividad. Al igual que le pasó a ella, empecé a ver la vida desde otra perspectiva, a tomar mejores decisiones, a comprenderme mejor a mí misma y al mundo que me rodeaba. Y eso fue provocado, entre otras cosas, por un cambio en mi cerebro que se empezó a fraguar en el momento en que tomé mi primera clase. Hasta hace poco no sabía cómo lo estaba modificando y mejorando -a mi cerebro-.


“El ejercicio físico estimula los neurotransmisores de la serotonina, la dopamina o las endorfinas, encargados de mejorar el ánimo. Mientras estamos haciendo ejercicio, nuestro cerebro se encuentra como en un spa, llenándose de neurotransmisores positivos”.


Con una sola sesión de intensidad media-alta, “mejora la actividad de nuestra corteza prefrontal y con ello la capacidad de manejar y centrar nuestra atención”. Así que si nos encontramos ante una situación en la que tenemos que estar de buen humor y concentrados, una de las mejores opciones para garantizar estos estados es moverse un poco.


Otro de los beneficios del ejercicio físico regular es que “puede hacer que tu memoria mejore porque estimula el nacimiento de nuevas células cerebrales”.


Me podría llevar un buen rato escribiendo ventajas. Si te interesa este tema, puedes ver la entrevista completa a Suzuki -muy recomendada- pinchando aquí.


Con estos datos, ¿qué lleva a la gente a no dedicar 45 minutos al día a moverse? Y no tiene que ser todos los días. Está en nuestro corazón ir de un sitio a otro, hemos sido nómadas, queríamos descubrir, nos movía la curiosidad. No digo que haya que ir a un gimnasio o apuntarse a una maratón. Es más, creo fundamental para recibir todos los beneficios del ejercicio físico que la actividad que hagas te motive, la disfrutes, te diviertas con ella. Hay cientos de opciones. Yo estoy en un gimnasio porque me gusta mucho la variedad, probar cosas nuevas, cambiar. Pero puedes hacer tai chi, pole dance, montar a caballo, golf, caminar, tenis, bailar en tu casa con la música a tope. Si has padecido alguna enfermedad o tienes un problema de salud, puedes consultar con tu médico qué actividad es la más recomendada para ti. Pero, vuelvo a subrayar, lo he experimentado en mi persona y la ciencia lo demuestra, hay que moverse. Por el bien de todos. Por un mundo mejor.