Día 9, 23 de marzo

Alemania cuenta hoy con 4.000 contagios más que ayer, 22.000 infectados en el país y 86 muertos bajo el hacha de la Covid-19. Según dicen, la curva de crecimiento se está aplanando y ven con mayor optimismo la situación. Ayer, Merkel anunció medidas como el cierre de restaurantes y peluquerías.


Por su parte, Francia lleva ya seis días de confinamiento y está siguiendo los pasos de España. En Gran Bretaña, tienen más de 5.000 contagiados y cerca de 300 muertes, pero mi prima Ana, que es genetista en un hospital público de Londres, nos ha contado que la gente está como si nada y no se toma muy en serio la situación, incluso cuando se están viendo los catastróficos resultados en Italia y España. Es algo inherente al ser humano. Hasta que no lo tienes encima, no lo ves y, mientras tanto, te permites divagar e imaginar. Me acuerdo cuando Maluma canceló su concierto en Grecia, que no se estaba viendo muy afectada por el virus, y mi amiga Virginia, con quien iba a ir al concierto en Madrid, me dijo que le pintaba mal porque la situación estaba muy loca. Era 10 de marzo para entonces y el concierto era el 29 y pensé: “las aguas se calmarán, no será para tanto”. Pero en Europa estamos cayendo incluso más que en China; la Covid-19 se está cebando con Bergamo, una pequeña ciudad al norte de Italia a la que le tengo gran aprecio y de la que guardo grandes recuerdos; fue el inicio de un fantástico viaje que iniciamos hace unos años los cinco -mis padres y mis hermanos- por el norte de Italia y el sur de Alemania. La idea, de mi hermana, que quería hacer una ruta de lugares relevantes de la Segunda Guerra Mundial en Alemania. Y mira cómo se relaciona; el Holocausto, la Segunda Guerra Mundial y hoy, en Bergamo, el horno crematorio no da para más; camiones militares tienen que transportar decenas de féretros a otras ciudades. Hornos crematorios, incertidumbre, sistemas que fracasan. Patrones que se repiten en la historia.

Foto familiar en nuestro viaje por los lugares relevantes de la Segunda Guerra Mundial.

Ha llegado un texto a mi buzón de email del filósofo surcoreano Byung-Chul Han. Señala que los países asiáticos están gestionando mejor la crisis que Occidente. Y la gran diferencia se encuentra en que en China y otros estados están combatiendo al virus con big data, mientras que en Occidente se están cerrando fronteras y confinando a la gente. Allí, en China, no existe la protección de datos y las telefonías y compañías de internet comparten los datos de sus usuarios con el Gobierno, quienes saben en todo momento dónde se encuentra alguien, con quien, cómo está, qué come o qué compra. Todo. Y ayudados de las más de 200 millones de cámaras de vigilancia son capaces de hacer reconocimientos faciales y tomar la temperatura a las personas que salen a la calle. Averiguan quién puede ser un potencial infectado y quién, habiendo sido ordenado a estar en casa, se salta la cuarentena. Este sistema les ha ayudado a que, desde hace unos días, no haya ningún nuevo contagio en China.


En otro artículo leo que predicciones matemáticas señalan que el pico de casos en España se retrasara a entre el 20 de mayo y el 6 de junio. Aún quedan dos meses más si eso fuera cierto. La otra gran potencia, EEUU, ya va por el mismo camino que el resto, tiene más de 20.000 casos y la mitad del país empieza a estar en confinamiento.


Cuando he sacado a Tobi esta mañana le ha dado por lamer los arbustos de romero y yo he pensado en hacer lo mismo. ¿Quién sabe? A lo mejor es un gran antídoto, a lo mejor ellos saben más que nosotros.


Anoche se anunció oficialmente el comienzo de la cuarentena en Emiratos Árabes Unidos, una situación que tampoco se creía fuera a pasar; el gran aeropuerto del mundo, la gran aerolínea encargada de conectar Occidente con Oriente, Emirates, cerrará sus puertas y sus vuelos el próximo 25 de marzo y ¿hasta cuándo? Mi madre queda allí aislada. No estoy preocupada porque le comenté que volviera a España antes de que todo empeorara y me dijo que no, fue su decisión y la respeto. Además, por el tipo de personalidad que tiene, le viene muy bien estar sola, pensar, acallar un poco su mente y sentir. Así que lo veo como un gran aprendizaje también para ella, aunque hablamos varias veces al día y siempre estamos conectados, al igual que con Samuel. Se me olvidó preguntarle hoy si aún cuando el Gobierno emiratí ha anunciado el cierre de los centros comerciales, continuarán pudiendo salir de día los fines de semana. No sé a dónde podrían ir, la verdad.


A pesar de todo, hoy también nos hemos reído. Mi abuela dice que hay gente que se ríe de la situación, pienso que cada uno tiene sus razones para actuar como actúa. Salía en un programa de la tele un presentador preguntando a las pocas personas que encontraba por la calle en Barcelona qué era aquello tan importante por lo que no podían permanecer en sus casas. Al parecer, han pillado a ocho hombres haciendo una orgía y, para más inri, uno de ellos ha dado positivo. Se pusieron de acuerdo en el lugar y hora de la quedada mediante una de las aplicaciones móviles de moda pero uno de ellos se arrepintió en el último momento y decidió llamar a las autoridades y ponerle fin a aquello.


Otro hombre, que paseaba por la calle, aseguraba que era trabajador sexual y que iba a prestar un servicio, consideraba que el sexo es una de las necesidades básicas a las que hay que dar respuesta en tiempo de crisis.


¿Qué haré cuando se acabe la cuarentena? Hay mucha gente por las redes posteando sus soñados planes pero yo no me había parado en ello. ¿Será que no tengo interés en que acabe? No lo creo. Salir a correr por el parque, pasear a Tobi, ir de compras, quizá. O viajar y reunirme con mis padres. Una cena con toda la familia en Huelva. Pero algo calmado, que pueda disfrutar tranquilamente y que sienta de corazón que quiero hacer. Ahora se valoran mucho más las pequeñas cosas como no tener que hacer una cola de 40 minutos en la puerta del supermercado para poder comprar.


Hace tres días que comenzó la primavera y hoy el tiempo a mediodía estaba espectacular, cálido, era plancetero recibir el sol en la cara y Tobi ha pasado la mañana y la tarde en la terraza, tomando el sol, como a él le gusta. Cada día está mejor, como antes. Para él lo peor ya ha pasado.

DETRIBU

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