Día 4, 18 de marzo

Han operado a Tobi. Sí, ha sido algo que no esperábamos. Salimos esta mañana Celia y yo. Estuvimos dando un paseo antes de llegar al veterinario y, como cuando llegamos aún era temprano, aproveché y entré en el supermercado para comprar varias cosas que teníamos pendientes. El tema es que me encontré con un viejo conocido. Hablaba bastante; que si se había quedado a un punto de sacar la oposición, que si qué mala suerte. Total, Celia se fue sola para el veterinario. Allí, le informaron que la herida no estaba evolucionando como se esperaba y había que abrirla para quitar toda la pus y suciedad. Lo iban a dormir. Vaya sorpresa. Celia me llamó y dejé al conocido con la palabra en la boca: que si a ver qué hacíamos ahora, decía, como si se fuera a acabar el mundo.


Fui corriendo para el centro pero no me dejaron entrar. Claro, sólo puede haber una persona dentro. Celia salió y me comenzó a explicar lo que había pasado con detalle. En esos momentos, llegó un furgón de la Policía Nacional. Paró frente a nosotras y empezaron a salir hombre uniformados por todas las puertas. Conté hasta seis. Nos rodearon e informaron que no podíamos estar juntas y paradas en la vía pública, aunque fuéramos hermanas y conviviéramos. ¿Qué está pasando? No nos dejan estar juntas en el veterinario, no nos dejan estar fuera, están operando de urgencia a Tobi. ¿Qué podemos hacer? Todo esto es muy extraño... La policía sugirió que nos pusiéramos a dar vueltas por los alrededores hasta que terminara la operación -no conocían que vivíamos muy cerca de allí sino, nos hubieran mandado derechitas para casa. Menos mal-.


Al finalizar la operación -tengo que adelantar que todo ha salido bien-, el veterinario nos ha dejado entrar a las dos para que viéramos cómo se hacen las curas, aunque la herida va a estar abierta, hay que poner suero y una crema para que cicatrice, además de los antibióticos para curar la infección. La verdad es que la herida, tal como está en estos momentos, es escandalosa, pero ahora sí parece que sólo puede mejorar.

Tobi, tras la operación, observando una tarde de lluvia. (Marta Pérez)
Tobi, tras la operación, observando una tarde de lluvia. (Marta Pérez)

En casa, la obsesión de Tobi es intentar quitarse por todos los medios el collarín isabelino. El pobre va chocándose con todo, no está acostumbrado.


Mi madre nos ha llamado alterada que viene de estar en un hospital de Abu Dhabi y que había mucha gente, más de lo normal -para ella-. No se podía ni aparcar, afirma. Horrible. Decía que se le saltaban las lágrimas. Asegura que en ese país -Emiratos Árabes Unidos- están escondiendo la realidad de lo que sucede y ahora le está entrando miedo. Samuel y mi hermano coinciden en que debe cuidarse, que está sola y más vale que permanezca en casa y salga lo mínimo posible y no dé tantos viajes. Ella no para de compartir sus típicas fotos de posado, por allí y por aquí.


La cura de Tobi la estamos llevando regular, no quiere que le toquemos, sigue con las mismas. Y muerde. Tendremos que pensar seriamente en comprarle un bozal o a ver cómo hacemos, es una tortura cada vez que nos acercamos a él para curarlo, no nos deja. Y hay que hacerlo dos veces al día por tres semanas. Se me está haciendo un mundo y me baja la vibración energética. Hoy me he estresado más de la cuenta. Es mi ego acechando. Creo que el no poder controlar la situación de Tobi me está sobrepasando. Le he pedido a la abuela, después de mi clase de relajación y yoga que, por favor, apaguemos la tele esta noche para cenar. No se lo ha tomado nada bien y ha montado un drama, se ha encerrado en su cuarto. Hoy no podía más.


Mi hermano comparte en el grupo familiar la noticia de un señor de Vigo de 44 años que se inventó tener los síntomas típicos de coronavirus y pidió a los policías que lo detuvieran para no aguantar más el aislamiento con su madre. Dice mi hermano: “por si alguien se siente identificada”, como refiriéndose a nosotras -a mí y a mi hermana- y, acto seguido, comenta que hay que tener mucha paciencia. Y eso voy a intentar, cada día me lo propondré con más fuerza.


Nuestra vecina Italia ha reportado hoy una cifra récord de fallecimientos en un solo día por la Covid-19. Concretamente, 475 muertes. Además, se ha convertido en el país con mayor número de contagios tras superar a China con unas 35.800 personas infectadas. Nosotros seguimos los pasos de Italia. Ya han muerto más de 500 personas y en las residencias de ancianos en las que ha entrado el virus, la enfermedad no perdona y acaba con todo lo que encuentra a su paso, es muy triste y desalentador, sobre todo, para los familiares que no tienen la posibilidad de despedirse de ellos.


Hay muchas personas que piensan que todas estas medidas son extremas y que no deberíamos estar actuando así. Por otra parte, hay gente que se lo toma muy en serio y sigue a pies juntillas las medidas decretadas por el Gobierno. Yo me siento muy confusa, nunca antes había vivido una situación así y no sé qué esperar ni cómo comportarme. Seguiré la norma, aunque confieso que nunca he sido de esas personas. Aún así, no pararé mi rutina. Mi trabajo, mi labor de autoconocimiento.