Día 3, 17 de marzo

Alejandro asegura que está “acojonado”. Han cerrado el hotel en el que trabaja y no sabe cuándo podrán volver a abrir. Además, queda en duda si le pagarán este mes o el Estado se hará cargo de ello, el asunto es que al ser algo totalmente imprevisto, llegan los desastres económicos. Ahora, más que nunca, vamos a depender de papá Estado y mamá banca, no están quedando muchas más opciones. ¿Cuáles serán las consecuencias de que esto pase? No tengo idea de si a mi país le conviene crear más deuda. Aún así, pienso seguir con mis sueños y sé que me va a ir bien aunque, si toda la economía se desmorona, no sé de dónde podría obtener la financiación para mi proyecto


Me preocupa la situación de mis padres; España urge a los residentes y ciudadanos españoles que si quieren volver a entrar al país lo hagan cuanto antes, pronto podrían cerrar las fronteras marítimas, terrestres y aéreas. Que luego no vayan a decir que no se les avisó. Mi madre se niega a volver, dice que está bien allí, da sus vueltas con Atif, para Abu Dhabi, para Dubai, que no tiene ganas de venir, literalmente. Además, se ha creado una idea mental de que si deja Emiratos significaría abandonar la empresa. Creo que es una justificación-excusa para no aceptar lo que está pasando, puede que le cause mucho dolor.


Por otro lado, a mi padre le cierran el centro en el que se encuentra próximamente y tiene que ver qué hacer, está pensando en irse a Bogotá a casa de unos amigos que se han ofrecido a acogerlo temporalmente, tampoco hay demasiadas opciones.

Cookies con chocolate preparadas por Celia.

En España, la cosa empeora por momentos; el ejército está patrullando las calles, se han suspendido pagos -relacionados con Hacienda y así- y la gente está perdiendo sus trabajos, aunque desde el Gobierno intentan hacer todo lo posible para que la economía se vea afectada lo menos posible.


Me atormenta que mi hermana pueda estar contagiada, sólo lleva una semana en casa y podría desarrollar la enfermedad en cualquier momento y haber infectado a mi abuela. ¿Y si le pasa algo? Si no pienso en eso, en realidad estamos bien. Hemos hecho una segunda tarta de oreo y queso -la primera no quedó muy bien de aspecto- y mi hermana se está metiendo en el mundo de la repostería; hoy cocina unas auténticas cookies americanas con chips de chocolate, a ver cómo le quedan. Está lloviendo, así que el ejercicio físico tendrá que ser en el interior de casa. Me tengo que acostumbrar.


He comenzado a editar algunos de los textos del libro sobre el centro que me ha pedido mi padre. No es mucho. También he configurado el reloj de Samuel, ya está a punto para ponerlo a funcionar. Ahora, lo guardaré a buen recaudo hasta nuevo aviso. Otro asunto que me preocupa es Tobi, se supone que ya ha pasado lo peor pero no veo mejoría y mi hermana tampoco. La herida, que sangra más y se hace grande, tiene cada vez peor aspecto y él sigue sin dejarse curar. La opinión de Alejandro es que lo tenemos que curar sí o sí, que le compremos un bozal. Mañana, si sigue peor, llamaremos al veterinario a ver qué nos aconseja.