Día 26, 9 de abril

Jueves Santo. El pasado 16 de marzo, el día 2 de cuarentena, leía una noticia que informaba sobre la posibilidad de celebración de una procesión magna religiosa de acción de gracias una vez termine todo este caos provocado por la pandemia. El objetivo es devolver a los católicos sus sentimientos y emociones en una fecha tan señalada como es la Semana Santa. La propuesta había sido hecha por el Consejo de Cofradías y la Archidiócesis. A día de hoy, no sé si habrá seguido adelante la idea; no había fechas concretas y no creo que aún se puedan definir. Lo que sí sé es que todos los días el sonido de los tambores y cornetas sigue recorriendo el aire de Huelva. Los escucho por las mañanas, por las tardes, en la madrugá. No sé de dónde provienen, no me importa. Pero hacen que el sentimiento, a pesar de las circunstancias, continúe vivo y que imagine a Cristo meciéndose por las calles, a Cristo crucificado, a Cristo en su Vía crucis. Qué gran capacidad la del ser humano de poder reinventarse cualquiera sean las circunstancias. Somos más poderosos de lo que imaginamos.

Celia me ha mostrado la opinión de un profesor que señala que ciudades como Huelva no deberían seguir confinadas. No hay casos, muy pocos, pero las medidas son a nivel nacional. No creo que se pueda hacer nada, en cualquier caso, cuando las cosas comiencen a volver a la normalidad, quizá estemos en primera línea. Por una vez nos servirá para algo estar en el culo del mundo. En el momento que Huelva se aisló, fue difícil que subieran los casos de contagio; no tenemos gran transporte público ni grandes conexiones con otras ciudades, no hubo fuga posible o eso dicen.


Esta tarde he estado hablando con mis grandes amigas de Emiratos Árabes justo antes de la misa del Papa. Están bien. La española sigue en Talavera de la Reina en el piso con sus padres y la de Georgia, en su estudio de Ras Al Khaimah, vecina de mi madre. Allí todavía -en EAU-, según cuenta, tienen algo de posibilidad de movimiento y hacen quedadas en las casas de los amigos para preparar almuerzos y reuniones entre colegas. Incluso pueden salir a caminar. Pienso que en cuanto pueda salir me voy a echar un buen trote por la ciudad. Natalia, de Georgia, está sin trabajar, atendiendo a unas vacaciones forzadas. Comenta que, tras hablar con el equipo comercial del resort donde trabaja, creen que no podrá volver a la oficina hasta primero de julio. Entonces, será temporada baja en Emiratos debido a la calor que azotará al país por esas fechas. La de Talavera no comentó nada nuevo de lo hablado en nuestra conversación anterior, todo sigue igual, pero ya con ganas de volver a su rutina anterior. Por mi parte, no he contado mucho de mis planes, no tengo nada concreto y no sé que pasará.


Le comenté a mi hermano Alejandro la propuesta que me habían hecho para el hotel de Almería, el del tío de mi amiga. Como él trabaja en hoteles desde hace tantos años le pedí opinión. Lo que me contestó fue que ahora no es momento de involucrarse en ningún proyecto y gastar energías en algo que no sabemos cómo saldrá. No sabemos cómo va a estar el mercado después. Pero ¿cuándo tenemos la certeza de algo? ¿Alguien sabía con seguridad que esto iba a pasar? Yo lo veo desde otro punto de vista, no me importa arriesgarme y menos ahora que casi sé lo que quiero y me siento más libre -de mi propio ego- que nunca.


Para más fortuna, antes de hablar con mis amigas me ha llamado un tal Mustafa. Le escribí hace tiempo cuando buscaba información sobre el precio de la hectárea en la zona de Niebla y vi que estaba interesado en una finca para alquilar. Ahora mismo no es posible ir a mostrarle la finca por la situación, pero lo tengo presente para, en cuanto podamos salir, tener algo de movimiento.


Hoy ha salido el sol después de varios días con nubes cubriendo los cielos, una brisa suave me recorría el cuerpo. Me han entrado ganas de bailar al aire libre, con mi música. ¡Qué contenta estaba! Es un lujo poder hacerlo. He hablado con Samuel. Estamos bien ahora mismo. Me ha contado cómo le hicieron la prueba del coronavirus; me explicó que usaban un palito como el de los bastoncillos de los oídos, que te lo metían por la nariz. Al parecer en Emiratos están haciendo la prueba a mucha gente, no es como en España que es nuestro mayor reto, el poder hacer pruebas a más personas.


En la misa del Papa de este Jueves Santo de 2020, que pasará a la historia por la pandemia, el Papa Francisco abordó la importancia de dejarse servir por Cristo para entrar en el Cielo y también recordó a los sacerdotes fallecidos afectados por el coronavirus. Mi reflexión tras escuchar su homilía es que si seguimos el mensaje de Cristo en nuestra vida, en la Tierra, ya estaremos en el Cielo.