Día 20, 3 de abril

En la cola para entrar al Mercadona me he enterado que han adelantado el pago de la ayuda económica estatal y que ya la había recibido. No tengo pensamiento de comprar mucho en el supermercado; una leche facial, tónico, huevos y lo de siempre. Nada especial.

Cuando llegué a casa me encontraba mal, no físicamente, sino anímicamente. Creo que pronto me bajará la regla, la bendita excusa para todo de las mujeres, pero es cierto. Me he dado cuenta que, al menos desde mi experiencia, dependiendo de lo centrada y equilibrada que me encuentre cuerpo-mente-espíritu, la llegada de esta condición me afecta más o menos. Y como en la situación que nos encontramos es totalmente novedosa, por lo menos para mí, parece que es una de esas veces en las que me afecta más. De todas formas, ni lo había pensado hasta que hablé con mi madre; me había prometido que no le iba a volver a decir nada de que se viniera para España pero Celia le insistió a raíz de la noticia de que Emirates, la aerolínea de Dubai, iba a comenzar a flotar vuelos a algunas capitales europeas para los residentes que quisiesen volver a su lugar de origen -Madrid, por cierto, ni Barcelona se encontraban entre las opciones-. Cuando comenzó a hablar conmigo por video-llamada me dijo, sin yo preguntarle, que no sabía si iba a poder venir y bla bla bla acerca de lo mismo. Le dije que yo pensaba que aquí iba a estar mejor y que me ayudaría con los quehaceres de la casa. Yo no estaba enfadada, es más, empecé la conversación hablándole sobre la ocurrencia de Celia y mía de querer vivir en una hacienda, sobre lo bien que me estaba dejando la cara los nuevos productos que había adquirido y así. Ella, mientras, hablaba de que se había encontrado un pájaro muerto y que quería llorar. Su energía negativa traspasó la pantalla del móvil incluso estando a miles de kilómetros de distancia e hizo que me perturbara. Al final, ansiedad, estrés, malos humos. Y me acabó colgando el teléfono. Así que he tomado la decisión de no hablar con ella por un tiempo, saca lo peor de mí y en la situación que nos encontramos, que nos hace ser tan frágiles, no es conveniente que me exponga a sus conversaciones, la mayoría de las veces, acabaremos mal. En el fondo de mi ser, sé que ella lo está pasando mal y por eso actúa así, pero tengo que pensar en mí y en las personas con las que convivo, en el bienestar de este hogar del que ahora rara vez podemos salir. Y como hoy no me encontraba conectada, he decidido tomar cartas en el asunto y continuar con mi curso de Enric Corbera para ver si me puedo aplicar algo en el día que calme mi sistema nervioso.


Me veo escribiendo en mis apuntes sobre los mesías que ha habido en la historia. Me planteo cuántos mesías hay ahora mismo sobre la Tierra. Para mí, muchos. Entiendo que un mesías es una persona visionaria, que cuenta con un mensaje muy útil para la humanidad, aunque la mayoría de la gente no lo sabe aún. Unos pocos comienzan a seguirlo y sus vidas empiezan a cambiar. Hallan paz y sentido de vida. En mi camino, se han cruzado mensajes de muchos mesías y de todos he aprendido algo. Son personas a las que les estoy muy agradecidas, porque no tuvieron miedo de compartir sus mensajes, porque revolucionaron el mundo, porque ayudaron a obtener una mayor comprensión de nosotros mismos y del Universo en que vivimos.


En su Introducción al curso, Enric Corberá dice que “la pandemia somos nosotros”, los seres humanos, “la naturaleza quiere aislarse de nosotros” y por eso se defiende y nos manda este virus, sea como fuere que llegara a nuestras vidas. Lo que esto nos demuestra es que la Tierra “tiene una capacidad de regeneración brutal”, tiene conciencia y sabe lo que le conviene por eso puso en marcha su sistema de respuesta ante un maltrato contra ella sin precedentes en la historia. Veo que el ser humano se sigue creyendo el centro del Universo. El Antropocentrismo sigue presente en nuestra era. No vemos nada más allá que a nosotros mismos y eso es lo único que nos preocupa, por eso seguimos teniendo tanto miedo a la muerte. Aún no nos hemos enterado que somos una parte del Universo, con sus mismas propiedades, su misma abundancia. ¿Cuáles son los beneficios de esta situación de confinamiento por el Covid-19? Tengo tiempo para hacer algo que me gusta y tenía pendiente, por ejemplo.


Me pregunto si hay noticias más allá del coronavirus. ¿Hay gente muriéndose por otras enfermedades? Espero que los accidentes de tráfico hayan bajado. Me he lanzado a navegar por los medios sociales a ver qué encuentro. ¡Qué gracia! Una de las primeras cosas que he hallado ha sido una receta de torrijas, un poco diferentes a las mías, llevan naranja. Como siempre, todos nos movemos en lo mismo. Hay poco más, todo está relacionado con el Covid-19, lo que se nos ha escondido, un médico que predijo lo que iba a pasar en enero, que si China nos engañó desde el minuto uno, que si cuantos multados... ¡Ah! También he encontrado una noticia de terror; un exalcalde condenado a cárcel por distribuir porno con bebés. Encuentro algo sobre Maduro, sí, el presidente de Venezuela, ese señor que se ha ganado un lugar en el podio del Infierno por lo que le está haciendo a su pueblo. He leído que el fiscal general de Estados Unidos, William Barr, anunció cargos en los tribunales de su país contra el presidente Maduro por delitos relacionados con el narcotráfico y el narcoterrorismo. Recuerdo cuando entrevisté al expresidente de México, Vicente Fox, en Dubai. Además de remeter contra Trump, decía que Maduro era “un auténtico dictador, un gorila al que hay que echar fuera, con las patas por delante”. En fin, creo que prefiero no seguir indagando más entre el océano de negatividad y limitarme a lo que llega a mis oídos y a mis ojos. Por ahora, los datos que me llegan hoy sobre el virus es que hay 117.710 casos, 10.935 muertos y 30.513 curados. Las muertes han sido menos que ayer con 932 y supone el primer ligero descenso en el número de fallecidos por día. Aseguran que las estimaciones son que en España siete millones de personas se hayan contagiado por el coronavirus. Este número me parece mucho más realista, pero entiendo que es difícil de comprobar en el laboratorio.


Por otro lado, dicen en el telediario que ha aumentado el consumo de los alimentos denominados “capricho”; o sea, los que entendemos por patatas fritas, chocolates, refrescos, dulces, aceitunas, etc. En mi casa todavía no hemos llegado a ese punto, es más, tengo por objetivo mantener la dieta en estos momentos donde la inactividad prima sobre la actividad, aunque mi postre después del almuerzo es imperdonable. Hoy, he hecho lasaña de lentejas. He vuelto a innovar y esta vez me ha salido muy bien, tengo que reconocerlo.


Celia me ha pasado una noticia que me ha sacado una carcajada; Turkemenistán, un país del que empecé a oír a hablar recientemente, ha vetado la palabra coronavirus. Limita al noroeste con Kazajistán, al norte con Uzbekistán, al suroeste con Irán, al sureste con Afganistán y al oeste con el mar Caspio. Recuerdo este país porque un novio que tuve en Emiratos Árabes Unidos, que era el capitán del equipo nacional de Billar, tuvo un torneo allí y me hablaba fatal del país, no le gustó nada. En cambio, en enero conocí a una amiga de una amiga que es de allí; la chica es un encanto y me habló muy bien de su país. No me importaría pasar de visita. Ahora que lo recuerdo, un matrimonio amigo de la familia también alabó aquellas tierras. La noticia cuenta que medios independientes hablan de que las autoridades están ocultando la pandemia y detienen a la persona que hable sobre la crisis sanitaria en público y aquí, en España, no se habla de otra cosa, la otra cara del mundo.