Día 19, 2 de abril

Me he levantado a las 7 am dispuesta a hacer las tradicionales torrijas por Semana Santa. Mañana es Viernes de Dolores y, ya que nos hemos quedado sin la celebración de esta festividad, no nos vamos a quedar sin torrijas. A mí personalmente me gustan de leche y canela y así las he preparado. Nunca me había gustado este dulce tradicional hasta que probé este tipo cuando era más joven, en casa de mi amiga Cristina, aquí en Huelva. Su madre preparaba una tanda de miel y otra de leche y canela. Estaban deliciosas. Y así me han quedado a mí. Tengo que admitir que tienen una pinta extraordinaria y saben muy bien. Las he hecho con mucho cuidado y una a una en una sartén pequeña. Les he hecho una foto que he compartido con mi madre. Ha decidido que se publique en el perfil de la cuenta de Instagram de EL CORREO y ha tenido mucho éxito. La gente pidiendo la receta y se la he compartido. También he publicado la foto en mis historias de la red social y muchos comentarios. ¡Qué alegría! No está mal el reconocimiento y esto de tener tiempo para innovar en la cocina, era la primera vez que las hacía.

Torrijas de leche y canela.
Torrijas de leche y canela.

Para comer, he preparado un curry de garbanzos con cous cous, no me ha salido tan bueno como esperaba, pero seguro que la próxima vez lo bordo. También me han llegado los primeros pedidos de Amazon; el libro 'El Elemento', el Tao te king de Lao Tse y los bolígrafos de punta fina estilo japonés. Esta tarde los estrenaré con el nuevo curso al que me he apuntado de Enric Corbera Institute que se titula 'Coronavirus: Cómo crecer ante la adversidad'. A Enric Corbera lo sigo desde hace más de un año y me gustan mucho los temas de sus publicaciones y me parece que el material que comparta en este curso puede ser de mucha ayuda en estos momentos en que las cifras de contagios y fallecidos en España llegan a su punto máximo con más de 10.000 muertos por el virus y sólo hoy fallecieron 950. Espero que no lleguemos a los 1.000 al día y a partir de mañana empiece a disminuir el número de muertos. Me guío mucho por lo que pasa en Italia para intentar predecir de algún modo aproximado qué nos depara en mi país. Allí ya se está hablando de un calendario para retirar algunas de las prohibiciones si sigue descendiendo el número de fallecidos y contagios. Protección Civil del país transalpino prevé que el confinamiento dure hasta el 2 de mayo, así que supongo que en España se alargará un par de semanas más. Para junio, a lo mejor, podríamos comenzar a tener algo de la llamada “nueva normalidad”. El alcalde de Milán, Beppe Sala, ha dicho que "deben acostumbrarse a que, cuando se empiece a abrir la ciudad, esto no se habrá acabado, es posible que haya que volver a cerrar. Hasta que no tengamos vacuna será una situación anómala”.


Los afectados por expedientes temporales de empleo (ERTE) en España ya llegan a 620.000 personas, aunque estimaciones no oficiales sugieren que la cifra aumenta al millón. Justo hoy me había escrito una antigua amiga de aquí de Huelva que es asistente de Odontología y que pensé seguía trabajando ya que su sector se considera esencial. En cambio me ha comentado que tiene un ERTE y que la empresa, que es pequeña, cerró sus puertas. La ministra de Trabajo habla de 246.335 empresas que han presentado un expediente temporal.


Además de quedarnos en casa, los sanitarios siguen insistiendo que la clave para frenar a este virus pasa por detectar los casos asintomáticos; hay personas que son portadoras del virus, que se mueven por los transportes públicos, por las calles, y no tienen ningún síntoma. Si no se las aísla, pueden contaminar a otras a las que sí afecte la enfermedad. Desde Educación, ya han confirmado oficialmente que se suspenden las clases presenciales universitarias. Mi hermana ya no tendrá más clases lo que resta de curso y así millones de estudiantes, que tendrán que estudiar por su cuenta, responsabilizarse de sus labores e innovar. A lo mejor es una gran oportunidad para que empiecen a caer o a transformarse las instituciones educacionales de este país, a que los jóvenes, sin presiones sociales, decidan con mayor consciencia a qué quieren dedicarse, cómo pueden contribuir a la sociedad y generar riqueza, no como dinero, sino con conocimiento.


Esta tarde, mientras el sol desaparecía en el horizonte y le decía adiós a otro día más de esta crisis, he escuchado sirenas de coches de policías y cantos de cumpleaños desde mi terraza. Es un gran detalle, no me imagino cómo reaccionaría yo de pequeña si me dijeran que la policía está debajo de mi casa cantándome el cumpleaños feliz, inimaginable, claro. Los cuerpos de seguridad ayudan a que no desaparezcan los buenos momentos de infancia de los niños y crean ilusión en aquellos hogares a los que van. Para los padres, o por lo menos para algunos de ellos, debe significar mucho, porque si dicen que la tarea de ser padre es retadora, no me quiero imaginar cómo se complica en tiempos de coronavirus.