Día 18, 1 de abril

Día de cobro. No para mí, claro, que estoy en paro y la ayuda por desempleo llega el 10 de cada mes, pero sí para mis padres. He comprado varias cosas -antojos- que tenía pendiente. He encargado un par de libros, subrayadores, bolígrafos japoneses, una pelota para Tobi, una crema de retinol para mi abuela, un serum facial para mí, un par de conjuntos de entrenar y dos productos cien por cien naturales para el pelo y mis rizos. Me he teñido mucho el pelo durante los últimos 13 años de mi vida y el agua en Emiratos no es de buena calidad, el resultado es que tenía el pelo desastroso y ahora intento cuidármelo para que vuelva a su ser, si es posible, antes de que me tenga que empezar a teñir de nuevo por las canas.

Mañana llegarán las primeras compras. Esta mañana he podido finalizar el trámite con la compra del Hipercor que habíamos hecho online, he estado hablando con una chica por teléfono y ya tienen todos los productos, dice que los traerán mañana por la tarde. Mi abuela ya estaba desesperada, me ha llegado hasta a decir que se iba a coger un taxi sola y se iba para el Hipercor, yo le he seguido el rollo y le he contestado “como tú veas, abuela, haz lo que consideres” y no ha vuelto a hacer referencia al tema. Por lo menos, después de la llamada se ha quedado más tranquila. También he hablado con Isa, me ha recomendado algunas recetas sanas y buenas para la flora intestinal y para el organismo en general y me ha hecho algunas recomendaciones como, por ejemplo, no abusar de las solanáceas, plantas de las que provienen alimentos como los tomates, las patatas, las berenjenas o los pimientos; aunque tienen muchas propiedades beneficiosas para la salud y son nutritivas, tienen sustancias que se acumulan en las articulaciones y son perjudiciales para patologías como la artritis o para personas que tienen alguna condición autoinmune. Me ha dado las señas para hacer el típico chucrut alemán, que no es más que col fermentada, se prepara muy fácilmente y sirve como rico acompañante. Lo recuerdo especialmente de nuestros viajes en familia cuando lo servían junto al codillo. Al parecer, los microorganismos que fermentan ayudan a limpiar posibles elementos tóxicos que se encuentren en los alimentos y ayudan a la absorción de nutrientes, entre otras cualidades. Todos los días se aprende algo, nunca dejamos de aprender. Tengo una col en el frigorífico que llevo sin usar un par de días y me he puesto manos a la obra. Isa también ha sido la que me ha recomendado la crema de retinol para la cara que he comprado por Amazon. Hablando de nuestras rutinas de limpieza de cara, me comentó que su madre se la recomendó y vio sus efectos milagrosos a los pocos días.


Celia ha venido hasta la parte del salón donde me encuentro escribiendo y me ha contado que ha muerto el abuelo de su amiga Carmen por coronavirus que, al igual que muchos, no han podido despedirse de él, que no pueden estar cerca de su cuerpo, que ha sido todo muy diferente. En estas ocasiones, me invade una gran pena por lo que está pasando en algunas familias. Una lágrima cae por mi mejilla. Gracias a Dios, no es mi caso. Carmen es de un pequeño pueblo de Ciudad Real. En España, ya se han declarado más de 100.000 casos por coronavirus, pero yo creo que son más. Al abuelo de Carmen no estoy segura de si le hicieron la prueba al final de su vida, pero hasta el día antes de dejarnos, no. También son muchos los que se recuperan, alrededor de 25.000 hasta el momento; están difundiendo casos de personas mayores con 85 y hasta 90 años que salen de la enfermedad. Creo que la resilencia tiene mucho que ver, estos casos que salen en la televisión muestran individuos muy conscientes, nada de víctimas de la vida. A pesar de ello, mi abuela me cuenta indignada que ha oído que en Cataluña no van a ingresar a los mayores de 80 años en la UCI. Y es así; la Generalitat ha emitido un documento en el que hace tal recomendación; le piden al personal sanitario que priorice los años de vida salvados. Mi abuela, que fue enfermera, dice que ni el Gobierno ni los médicos tienen derecho a decidir sobre la vida.


A mí me ha indignado otro evento que ha sucedido hoy; mientras almorzábamos -hoy comí quinoa con verduras- escuché al ministro de Consumo decir que las personas que habían comprado cualquier tipo de producto o servicio que no habían podido obtener por la crisis sanitaria, tenían derecho al reembolso de la cantidad pagada. He recordado el concierto de Maluma he inmediatamente he escrito a Virginia para contárselo y preguntar si había tenido noticias. Dice que nada y que no sabe cómo hacerlo. Le he dicho que me pasara las entradas y les he escrito un email a los organizadores. Me han contestado al momento diciendo que habían mandado un email a la dirección desde la que se compraron las entradas informando de que el concierto se había pospuesto para el 21 de septiembre y que el dinero solo se reembolsaba entre los pasados 16 y 27 de marzo. Ya había perdido mi oportunidad. No me encontraba bien; todo el mundo cancelando eventos para el año que viene, no se sabe aún ni siquiera cuándo va a terminar la cuarentena y los organizadores tienen la desfachatez y la irresponsabilidad de programar un concierto para septiembre. No me parece justo. Estoy cabreada y me está mermando mi bienestar, lo reconozco. No sé cuáles serán sus motivos para haber tomado tal decisión, pero no tengo claro que en septiembre se vaya a realizar tal concierto y me gustaría que me devolvieran el dinero. Es más, un miembro del comité científico en Italia ha dicho que tras el golpe del coronavirus no volveremos a nuestra vida anterior. “Nos olvidamos de las playas, conciertos y aperitivos hasta que hayamos encontrado una terapia efectiva o una vacuna”. Parece que los organizadores del concierto saben cuándo va a ser eso. Virginia dice que no ha recibido ningún email, quizás se encuentra en spam. Veremos a ver cómo resolvemos finalmente, por ahora, esperaremos algo más de tiempo, a saber cómo termina la cuarentena, cómo vive la gente después y si finalmente celebran el concierto.


También me ha dado por pensar en Lucas y Carlos, las personas que metieron sus caballos en nuestra finca de Niebla y que quedaron en pagarme el alquiler de un año este mes de abril. No se han comunicado, tal y como están las cosas, no sé si escribirles porque ellos no han dado señales de vida desde hace casi un mes, cuando les mandé el contrato. Cada día que pasa, me planteo más el hacer algo con la finca; desde que veo 'Pasión de Gavilanes' me apetece vivir en el campo, con siembras, comer de mi propio huerto, tener mi ganado, en contacto con la naturaleza. Tengo la tierra, pero nada más. Tendría que empezar desde cero y poder construir algo que ayude a la humanidad y a la Tierra, que sea consciente de ambos.

Hace unos días escribí sobre una información que había leído que hablaba de la relación entre las bajas de los usuarios de telefonía y las muertes por Covid-19 en China. Hoy ha llegado a mis manos otro reportaje más concreto. Señala que el Gobierno chino claramente ha mentido. Los crematorios de la provincia china de Hubei, con 60 millones de habitantes y de la cual Wuhan es la capital, donde comenzaron los casos de coronavirus allá por noviembre de 2019, incineraban a un promedio de 3.000 a 5.000 personas fallecidas por coronavirus cada día. Dice que China ha tenido la desfachatez de decirle al mundo que los muertos totales por el virus han sido sólo 3.200. Si cada día incineraban 3.000 cadáveres como mínimo, son millones las personas que han muerto por coronavirus en China. Además, desde que comenzó la propagación del Covid-19 en China, más de dos millones de líneas de teléfono han sido desconectadas porque los portadores no existen ya. ¿Cómo es esto posible? ¿Encajan estos datos con la realidad de los muertos que nos han contado? La administración de Donald Trump también se ha vuelto muy crítica los últimos días con los datos que ha mostrado Pekín al mundo sobre el alcance del virus en su país. Concretamente, Trump señaló que “sus cifras parecen un poco subestimadas, y soy generoso cuando digo esto”.


En esta línea, he recibido también un vídeo en mi móvil que muestra cómo se encuentra la situación en Guayaquil, Ecuador. La gente muere en las calles, he visto cómo queman cuerpos en las calles. No tienen a dónde llevarlos. Es terrorífico. La verdad es que Ecuador no es un país que tenga en estima, he tenido encontronazos en la vida con personas procedentes de allí. No tenían moral y eran unos desvergonzados. No puedo evitar que la rabia corra por mi cuerpo cuando pienso en ellos.


Al final, la compra llegó esta tarde, ha sido una sorpresa, sobre todo, para mi abuela. Los hombres la conocían, comentaban que hacía mucho tiempo que no pasaban por esta dirección. Aunque algunas cosas faltaban y otras estaban de más, no nos podemos quejar.