Día 14, 28 de marzo

Hoy es sábado y hemos decidido que tenemos barbacoa los cuatro: mi abuela, Celia, Tobi y yo. Mi hermana ha salido bien temprano para el Mercadona. Va a comprar varias cosas que nos hacían falta como leche, limones, huevos, bananas y lomitos de cerdo; salchichas, chorizo y mi favorita, morcilla de arroz para el asado. Hace un día perfecto. Ya he elegido una lista de música en Spotify para la ocasión. También tendremos fruta fresca, pan blanco, coca-colas. Como dice Samuel, lo "pasaremos grande" en estos tiempos de angustia.


Los sábados he decidido que serán mis días libres. Nada de cursos, escribir o ejercicio de intensidad media-alta. Por cierto, hoy estreno mi mopa; voy a hacer limpieza profunda a algunos cuartos como el de mis padres, donde duermo, escaleras, rellano, salita, salón y cocina. Tengo que decir que la mopa es un gran utensilio; nunca antes lo había utilizado y he sentido que ahora no podría vivir sin ella. Atrapa todo lo que encuentra a su paso.


Mientras terminaba de limpiar, mi hermana comenzó a preparar todo para la barbacoa y mi abuela cocinaba natillas, un postre típico aquí en España. Creo que en otras circunstancias, esta imagen no hubiera sido tan fácil de conseguir; la covid-19 está provocando momentos que permanecerán en nuestra memoria hasta el día que dejemos esta experiencia a la que llamamos vida.

Selfie de los cuatro durante la barbacoa.
Selfie de los cuatro durante la barbacoa en marzo de 2020.

Las horas de limpieza me han permitido cantar canciones que adoro, bandas sonoras de películas de Disney. Ahora escucho los mensajes que lanzan y me doy cuenta que muchas de las ideas que intento aplicar en mi vida las conocía desde pequeña, eran cantadas por esos personajes animados que amaba tanto, pero no las entendía. ¡Cuánta sabiduría mal interpretada! Como la película de la Bella y la Bestia. Leía en el libro 'Las mujeres que aman demasiado', como hemos interpretado erróneamente la historia de este cuento. El mensaje que habíamos extraído de la relación entre Bella y Bestia es que las mujeres podemos llegar a cambiar a los hombres “si los amamos lo suficiente”. Este argumento quedó en algún momento marcado en las mujeres y muchas de nosotras, desde el día número uno en el que conocemos a un hombre, pretendemos cambiarlo. Creemos que nuestra felicidad y bienestar llegará cuando esa persona sea diferente a como es, cuando sea lo que yo necesito. Por fuerza de amor, cambiamos al hombre y lo guiamos en su camino. La verdad, es que lo que decía Robin Norwood me sonaba mucho; yo misma he intentado poner en práctica este principio, sin éxito, claro. Bestia atrapa y encarcela al padre de Bella, quien viendo que su padre está enfermo y que no podrá soportar tal encierro, se ofrece a cambio de él. En el castillo, vive y comparte momentos con Bestia hasta que acaba enamorándose del temible monstruo. Cuando esto sucede, cuenta la autora que llega el “milagro”; Bestia se convierte en un hermoso príncipe y todo el sufrimiento, amor y energía que ella había destinado a la relación “se ven pagados con creces” cuando conoce al maravilloso príncipe. Me gustó la conexión que realizaba Norwood con la ética judeo-cristinana; allí encontraba la autora una posible raíz de esta narración que a día de hoy seguimos perpetuando; ayudar a aquellas personas que están perdidas en la vida, los menos afortunados. Así sería como en lo más profundo de nuestro ser veríamos a esos hombres que pretendemos cambiar, que nos hemos puesto el propósito de cambiar. Lo que acaba planteando la autora en el libro es que Bella, en ningún momento, esperó que Bestia cambiara, lo amó tal como era y fue feliz en ese amor. La clave estaba en la aceptación. La recompensa simbólica que recibió Bella era fruto de su aceptación de lo que era y no podía cambiar y de su amor incondicional.


Tengo otra historia que me ha dejado pensando; mi madre me ha contado una teoría de la conspiración que ha leído en algún lugar sobre los chinos. Me informé sobre lo que me decía; el asunto comienza con el informe que lanza hace unos días el Gobierno de China sobre el número de usuarios de teléfonos. Con respecto a la misma fecha del año pasado, el número de registrados había caído en 21 millones, una cifra a la que los medios no están pudiendo darle razón. De 2018 a 2019, el número de usuarios de telefonía aumentó, pero esta caída que se muestra ahora no tiene precedentes. Mamá leyó, o incluso estoy pensado que lo pudo suponer -cuenta con una gran imaginación-, que estos datos se debían a que ha habido muchos más muertos por coronavirus de los que ha anunciado el Gobierno chino.


España ha registrado en las últimas 24 horas 820 muertos. Otra de las cosas que me ha comentado mi madre mientras hacemos videollamada es que un amigo español que vive por Dubai, y al que conocemos desde hace años, le ha transmitido su preocupación sobre la situación laboral. Depende del trabajo y mucho. Es piloto. Tras reflexionar sobre ello, mi conclusión es que el sistema, como ya han pronosticado muchos otros, debe cambiar. No podemos seguir dependiendo de una empresa, de un jefe, de un banco, del Estado; los individuos tienen que ser libres y tener responsabilidad sobre lo que les sucede. En Emiratos Árabes he conocido a gente que no son nativas de allí endeudada hasta las cejas, gente de mi edad que ya vive del crédito de la tarjeta. Y así estamos. Dependiendo de otros para poder llevar un ritmo de vida que, en cualquier caso, no nos podemos permitir pero que por todos lados nos incitan a que llevemos.


La barbacoa ha sido genial. La comida estaba buenísima y nos hemos animado con temas como “Echáme la culpa', 'La flaca' o 'Stressed out'. Hasta Tobi lo ha pasado en grande. De postre nos hemos tomado también unas natillas de mi abuela. He comido un poco más de la cuenta, noto mi barriga hinchada, lo dejaré por ser sólo un día, aunque la noche del viernes tomamos también una riquísima pizza de pepperoni.


El Gobierno ha anunciado oficialmente que se restringe el trabajo hasta el próximo 9 de abril. Los trabajadores de actividades no esenciales permanecerán dos semanas en casa bajo un permiso que han llamado retribuido recuperable con salario actual, lo que quiere decir que los trabajadores recuperarán las horas de estas dos semanas poco a poco con trabajo futuro.


Hoy me he enterado que el príncipe Carlos de Inglaterra padece coronavirus. Mi abuela bromea y señala que se morirá antes el hijo que la madre, la reina, quien tiene ya 93 años.


Alejandro nos ha mandado una foto con la cabeza rapada. No le queda nada mal y ya sigue los pasos de mi padre. Como tiene tantas entradas y poco a poco se irá quedando calvo, el rapado le sienta bien. Celia pregunta por qué se ha hecho eso; Ale le ha respondido que aún queda un mes de confinamiento -no sé de dónde se ha sacado esa información- y que cuando todo esto acabe su peluquero habitual tendrá una gran cola a la que atender, así que por su cuenta. Le he preguntado si de verdad piensa que queda un mes de confinamiento, me he quedado pensativa. Dice que es lo mínimo que espera. A veces me da por pensar que todo esto acabará pronto y otra parte de mí cree que no soy consciente de lo que está sucediendo. No te creas nada. Pero, ¿qué será cierto?