Cinco reflexiones claves del documental 'El dilema de las redes' de Netflix

El ser humano tiene la capacidad de convertir una herramienta buena, muy buena, en algo autodestructivo. En nuestro cerebro, donde nacen las ideas más maravillosas, también se encuentra la semilla del sufrimiento. El documental de Netflix 'El dilema de las redes', sonando a nivel global, empieza con una idea parecida a ésta. Con la frase de Sófocles "nada extraordinario llega a la vida de los mortales separado de la desgracia" da comienzo una narrativa que muestra la sombra del mundo digital, sobre todo, de las redes sociales, del buscador de Google.

El documental de Netflix 'El dilema de las redes' nos muestra la sombra del mundo digital.
El documental de Netflix 'El dilema de las redes' nos muestra la sombra del mundo digital.

El modelo económico que sustenta a estas grandes nuevas tecnológicas está basado en mantener a los usuarios el máximo tiempo activos en línea y a cualquier precio. Y aquí me refiero a que el sistema detrás de estas plataformas trabaja con muchos datos que obtiene de cada usuario y con los que busca predecir cómo vamos a responder a ciertos estímulos, promociones, jugando con nuestro ánimo, estado emocional, para ofrecerle a sus clientes usuarios dispuestos a comprar sus productos. El ser humano tiende a actuar en función de cómo se siente en un determinado momento y la clave se encuentra aquí; podemos llegar a comprar un producto o seguir una cuenta dependiendo del momento en el que nos encontremos. Recuerdo de los tiempos en los que veía la televisión, cuando era por la noche, cerca de la hora de la cena, comenzaban a poner anuncios de comida, de pizzas, por ejemplo, y es verdad, te entraba hambre y ganas de ir al restaurante más cercano a pedir una. Pues algo así triplicado por un millón. Y este es el objetivo; como muy bien explica el documental, lo que buscan -estos negocios- es ofrecer a sus clientes una promoción que esté lo más cerca posible de obtener el cien por cien de éxito. Que den en el clavo. Y para eso necesitan saber muchas cosas de nosotros.


En la otra cara de la moneda se encuentra el asombro que produce el funcionamiento de estas nuevas tecnologías, cómo nos está cambiando la vida, cómo está permitiendo que cientos de miles, millones de personas puedan reinventarse a nivel profesional y vivir de acuerdo a su propósito de vida. Cómo difunde lo bueno, aunque también lo malo. Es algo que antes era mucho más complicado pero, como no me canso de decir, hoy tenemos a nuestro alcance -en el móvil- aquello que deseemos y podemos incluso montar un negocio de manera muy simple con poco presupuesto. Y que además llegue a cualquier parte del mundo. Es global. Pero esto también es parte del negocio de las redes sociales; que los negocios usen sus plataformas para crecer a nivel empresarial. Pero considero que éste uso es provechoso, útil, responsable. Lo malo son los otros cientos de usos que les está dando la gente y que están provocando comportamiento tóxicos en la sociedad y, muchas veces, en niñ@s, jóvenes que aún no han cumplido la mayoría de edad. Aquí os dejo cinco reflexiones que me parecen claves del documental.

1. La falsa "perfección" que se muestra en las redes puede provocar comportamientos tóxicos o incluso depresión en las personas. Conozco a gente -e incluso yo misma lo he hecho-que ha dejado de seguir a ciertos influencers por cómo se muestran al mundo y por cómo dejan que éstas publicaciones les afecte. Al final, cada uno tiene la responsabilidad y libertad de decidir a quién sigue y cómo interpreta lo que ve en las publicaciones que le llegan a su cuenta. Si sigues cuentas de individuos que venden una "vida perfecta" tienes que ser muy consciente de que eso es lo que venden, ese es su producto, la "vida perfecta"; o si venden ropa, son modelos de sus diseños, pues igual que cuando veías una revista de moda, lo que pasa que ahora cada cual tiene su propia marca personal, la plataforma que usan no es el papel de la revista, es digital. Pero tú no sabes nada más allá de lo que esa marca te está mostrando. El problema llega cuando son niñ@s, adolescentes los que siguen a estas cuentas, todavía en desarrollo de su personalidad, de lo que serán e incapaces de entender aún esta idea que muestro aquí.


2. No es posible una completa regulación de los contenidos. Es verdad que YouTube, antes de publicar tu vídeo, te pide que señales si es apto para niñ@s o no lo es, pero en última instancia, si yo quiero mentirle, puedo hacerlo. La regulación es escasa e ineficaz. Veo a mi prima de ocho años absolutamente enganchada a TikTok y considero que hay mil cosas que ve que no deberían ser aptas para una niña de su edad pero, ¿quién controla eso? ¿Quién controla la difusión de la propaganda de DAESH o de 'fake news'? Nadie. O ¿quién le explica a un adolescente que está viendo fotos de personas que han pasado por miles de filtros y que nada tienen que ver con lo que son en carne y hueso? ¿De dónde nos nace la necesidad de modificar cómo somos en realidad? Que esa familia feliz también discute, tiene problemas, sufrimiento, porque los tenemos tod@s, es parte de la experiencia de la vida.


3. El sistema está creado para provocar comportamientos adictivos en las personas, engancharnos para que no paremos de consumir lo que nos muestra. Para ello, necesitan jugar con nuestros estados de ánimo, con las emociones, necesitan saber cómo respondemos a los estímulos, cómo somos y cómo reaccionamos. Cuando recibimos un like, un seguidor nuevo, un comentario, un email, la dopamina se dispara en nuestro cerebro, las pupilas se dilatan, aparecen estados similares a los que provoca el consumo de drogas, y cuando no recibimos estos estímulos, hay cierto bajón en el estado de ánimo.


4. Lo que le importa a las redes sociales es ofrecer a sus clientes su mejor producto, es decir, que cuando -las empresas- compren una campaña en alguna de las plataformas digitales se les garantice que ésta va a llegar a la persona que le interesa, que va a obtener su producto en un periodo corto de tiempo.


5. El mundo digital nos ha cambiado la manera en que vivimos a todos los niveles; nos ha facilitado la comunicación, la interacción, el poder adquirir aquello que queremos en una milésima de segundo, nos ha traído la era de la inmediatez al mundo, lo que pasa es que, como decíamos al principio, esta innovación tenía una gran desventaja que no hemos sabido controlar y que está acabando por dominar cada parte del ser humano.