Capítulo 6. ¡Atención, españoles, llegó el coronavirus!

Actualizado: 13 de oct de 2020

Mis primos parecen que no van a tener que ir al instituto por una temporada, mi prima a dar clases y mi primo a recibirlas; vamos a seguir los mismos pasos de Italia y se van a cerrar las escuelas y las universidades. ¿Me quedaré finalmente sin concierto de Maluma? Aún albergaba esperanzas. Celia, mi hermana, ha mandado por el grupo de whatsapp de 'Mamá y sus hijes' un pantallazo de una noticia del diario El País que afirma que el número de casos en Madrid se ha duplicado y que ya son 25 los fallecidos en toda España por el coronavirus. La verdad, es que todo me está pillando por sorpresa. En Madrid hay más de 500 contagiados y mi madre asegura que Celia no cogerá el virus, que se lave las manos y no se toque la cara. Por ahora, a nivel oficial, Celia no tendrá más prácticas de las asignaturas clínicas de su facultad y tiene pinta de que pronto cesarán todo tipo de actividad.


En Emiratos Árabes, mi madre cuenta que el número de contagiados ha subido a 15, aunque todo empezó antes que en España, parece que los infectados no crecen con la facilidad que lo hace aquí. No sé cuáles son los factores, ni cómo se comporta el virus, pero todo esto me tiene desconcertada. ¿De verdad es necesario poner en marcha estas medidas? ¿Cierre de escuelas, de colegios, cancelación de eventos? Hay mucho dinero de por medio, ¿no lo han pensado? Supongo que sí... Celia comenta que no entiende por qué el Reino Unido tiene solo 300 casos y España 1.000. Mamá contesta que allí, por el norte, el virus comenzó a tomar las calles después que en nuestro país y el pico aún está lejos. Nos manda un gráfico y asegura que toda enfermedad provocada por virus tiene una curva y que los datos de España son muy buenos. Veo que aquí no se están contabilizando los casos leves; la gente que no tiene riesgo y coge el virus lo pasa en su casa y nunca se le realiza la prueba para verificar si es positivo.

Gente comprando en el supermercado tras las primeras noticias sobre la propagación del coronavirus en España.
Gente comprando en el supermercado tras las primeras noticias sobre la propagación del coronavirus en España.

Celia va a viajar el próximo fin de semana a Huelva. Es lo que estaba planeado hace un tiempo y yo iba a subirme con ella para el concierto de Maluma, en Madrid. Estamos comenzando la segunda semana de marzo.


Mi hermana tiene antojo de un dulce que se llama palmera de huevo, de las que venden en el supermercado Mercadona, dice que es lo primero que se va a comprar cuando llegue a Huelva. Aunque tiene miedo de contagiar a mi abuela que, según dicen, es persona de riesgo por la edad, aunque yo no lo creo. No la conocen. Ale y yo le hemos aconsejado las palmeras de Dolago, una pastelería de Punta Umbría, el pueblo donde vive mi hermano. Cuando mi amiga Virginia, que vive en Madrid, se quedó el pasado mes de diciembre en Huelva durante 10 días, fuimos varias veces a comprar dulces allí. Qué pecado, pero estaba todo buenísimo. Ella no sabe cuáles son, pero ya se las mostraré. Celia quiere llevarse algunas de yema para Madrid, que dice que por allí no las conocen. Mi madre habla de la pastelería que había debajo de mi piso en la capital, en la calle Ferraz. Me invade la nostalgia. Qué buenos tiempo de universidad y de trabajo ya tan lejanos.


Mamá también comparte un link que anuncia la suspensión de los vuelos entre Arabia Saudí y España. El país árabe, ante el crecimiento de esa curva en España, ha preferido cortar los lazos aéreos y prevenir en vez de curar. Es una conexión que he cogido en varias ocasiones, con la aerolínea Saudia y escala en Jeddah o Riad, una vez incluso con mi abuela, no le gustó nada el aeropuerto, por cierto.


Ale me pregunta cuándo tengo pensado viajar a Emiratos de nuevo. La idea, en principio, es ir en mayo. Él podría venir conmigo, pero dice que depende del trabajo. Finalmente, Celia anuncia que a partir del miércoles cierran las universidades por completo. Así que vendrá antes de lo previsto. ¡Qué ganas tengo de que llegue ya! Al final, las universidades cerrarán por dos semanas, eso es lo que han comunicado.


Pronto tengo la reunión con la señora de la Cámara de Comercio. He quedado con mi amiga Concha en su casa para que me haga las uñas, me las muerdo y están horribles. He elegido un color rosita de Chanel muy bonito y elegante, tenía muchísimos colores y me encantaban casi todos pero he preferido no arriesgarme y optar por algo clásico. Igualmente con los zapatos, unas bailarinas blancas y negras que encontré en Zara por 20 euros.


Alejandro anuncia que han cancelado el Imserso. “Me quedo sin trabajo”, ha dicho por el grupo. Mi madre, como siempre, muy positiva, que será solo unas semanas, que ya mismo viene el calor. No he visto por ningún lado que el calor haga que el virus remita, es más, en EAU ya hace más de 30 grados y el virus se sigue propagando.


Confirmado, me quedo sin concierto de Maluma; la nueva regulación por la pandemia de la Covid-19 dictamina que están prohibidos los eventos a puerta cerrada de más de 1.000 personas en Madrid, Vitoria, Labastida y La Rioja. Asimismo, durante 15 días, quedan cancelados los vuelos desde Italia a España y los pacientes en aislamiento van a recibir la 'incapacidad laboral'. Y esto para empezar. Me da la impresión de que por ahora no hay vuelta atrás y las medidas solo pueden incrementar. Lo mejor, es que todavía sigo yendo al gimnasio y en Huelva no hay casos, a lo mejor podemos gozar de mayor calidad de vida por eso. Las Fallas, las grandes fiestas de Valencia, aún no han sido suspendidas, hay por debatir, dicen, pero en esta situación, me extraña que se celebren, al igual que el resto de eventos de los dos próximos meses.


Ahora escribe Celia; “menuda psicosis, si me lo cuentan, no me lo creo”. Ha ido al supermercado y no hay papel higiénico, no hay arroz, la gente arrasando con los productos, las cajeras no dan a basto, el de la frutería metía las cosas dentro de la bolsa para aligerar el paso, gente comprando en el Mercadona más de 200 euros, tres kilos de plátanos. Dice que “no ha vivido nunca una situación tan catastrófica”, que decide no quedarse en Madrid porque seguro que se queda sin comida. Ahora mandan un vídeo que me empieza a asustar, ¿qué le pasa a la gente? Las estanterías de los supermercados vacías, no hay nada. ¿Nos estamos volviendo locos? No creo que sea para tanto la situación.


Este fin de semana, por la llegada de Celia, habíamos quedado en ir a cenar todos juntos a la arrocería del hotel donde trabaja mi hermano, que es muy buena al parecer. Ahora, nos asalta la duda de si el plan podrá seguir en pie. Aún quedan un par de días y al ritmo al que avanzan las medidas para combatir la propagación del virus, los contagiados, los fallecidos y el caos general, puede que tengamos que suspenderlo.