Capítulo 4. Próximo destino, Colombia

Actualizado: 17 de sep de 2020

Mi padre se ha marchado ya para Colombia. Primero hizo una escala en Madrid, donde se encontró con mi hermana; se quedará en su casa hasta mañana, que sale su avión rumbo a Bogotá. Me comentaron que comieron en el Rodilla, la franquicia de sandwiches que tanto le gusta a mi padre y que está debajo de casa de mi hermana, en Guzmán el Bueno. También mencionaron que vieron pasar a través del cristal a Jaime Peñafiel, un periodista famoso que a veces participa en programas de la tele que le encantan a mi abuela. Tengo muchas expectativas puestas en ese viaje. Primero, porque se acabará la edición del libro y se incluirán los textos de mi padre, que estoy deseando leer y, segundo, porque le comentará al fundador del centro la idea que tengo de montar un espacio parecido al que describimos en el libro en Andalucía; me haría mucha ilusión poder gestionarlo, tratar el sufrimiento de las personas, contribuir con mi granito de arena a mejorar algo en la vida de alguien. Mi propósito va por aquí; compartir este tesoro que he descubierto, el poder que tenemos sobre nuestras vidas, elegir ser protagonista ante lo que nos sucede. Si alguien está dispuesto a escucharme y a seguir un tratamiento en el que confío, quiero llevarlo hasta la persona que lo necesite.

Ya son varios días sumergida en el 'business plan', en los gastos, los ingresos, lo que haría falta, el estudio de mercado, viendo mil vídeos sobre planes financieros, pidiendo ayuda, que si balances, que si costes variables. Son términos con los que no estoy familiarizada pero sé que con interés podré sacarlo adelante. También me he puesto al día con el tema de las subvenciones, las posibles ayudas que podría recibir una vez montado el centro y la financiación, mi problema a simple vista es que no tengo aval. Pero no me importa. El no es algo que ya tengo.

Gabriel, el director del centro, me ha mandado una presentación de un taller que realiza su hijo Jose, muy interesante. La verdad es que tiene una pinta extraordinaria y además, para mi sorpresa, me ha sugerido que podíamos organizar uno en Andalucía. Me parece una magnífica idea, no he visto nada igual por las redes y entre los instagramers españoles del tema, así que mejor, porque podría haber algún aspecto novedoso. La cosa es que para montarlo hace falta una pequeña inversión, por lo menos, para darlo a conocer, un poquito de publicidad online y veo que no tienen redes sociales, por lo menos que yo las conozca, y si quieres lanzar algo, lo mínimo es que atiendan 30 personas. A raíz de ese mensaje no he podido evitar adelantarle a Gabriel mi deseo de establecer algo parecido por aquí. Me ha pedido que le mande lo que tengo del 'business plan'. Me he pasado toda la tarde del viernes haciéndolo, dejando todo apunto, me queda el plan financiero completo, pero para eso necesito más tiempo y según me indicó, él quería verlo ese fin de semana con su hijo, quien se encuentra en estos momentos por Cali. En principio, me ha dicho que le parece todo una gran idea. Pero nada más. Tendré que esperar a que aterrice mi padre y tenga tiempo de hablar con él para saber ideas concretas. De cualquier forma, siento que voy por el buen camino.


Me levanto alegre, canto, salgo temprano con Tobi, disfruto de la naturaleza con él, continúo con mis rutinas y me meto de lleno en mi plan de negocio.


He recibido una llamada que no esperaba, era un señor de 63 años de Madrid con el que compartí varias semanas mientras estaba en el centro colombiano. Allí se estaba tratando las causas de una depresión, no supe más, creo que después de jubilarse se encontraba muy solo. Su hijo, quien trabaja en Bogotá desde hace unos años, oyó los milagros que sucedían por aquella "escuela" y pensó en llevar a su padre, quien no se opuso. Según me contó el mismo Juancho, "el día que llegó al centro no habitaba este planeta, estaba mucho más lejos". Quién sabe dónde. La historia que me ha contado me ha dejado por un lado sorprendida y por otro un poco desconcertada. Me decía que justo después de volver de Colombia y de sus viajes con su hijo por Latinoamérica, había tenido otra depresión -siempre me pareció que nunca llegó a entender desde el corazón el tratamiento que allí se realizaba-. La cosa es que visitó, acompañado de una de sus muchas amigas, a un fisioterapeuta, muy reconocido que había trabajado para un gran equipo de fútbol español; durante su sesión hablaron sobre su paso por Cali y el tratamiento al que se sometió. El señor se mostró muy interesado e insistió en que Juancho le pusiera en contacto con el dueño del centro, Gabriel, para hablar de una posible colaboración para montar lo mismo aquí, en mi tierra. Al parecer hablaron por email y Gabriel le dijo que le parecía una idea fantástica pero que no podía colaborar económicamente, así que el asunto se ha quedado en stand by. Juancho me pedía que me pusiera en contacto con él con la posibilidad de que yo pudiera brindarle información sobre las terapias ya que había entrevistado a cada una de las terapeutas y conocía de primera mano lo que allí pasaba. Pensó que podríamos aportarnos valor el uno al otro pero lo que en realidad se atravesaba por mi mente era ¿me quitará mi idea? ¿Me ha salido un posible competidor? No le comenté nada a Juancho sobre el proyecto que tenía en mente y le dije que no me importaría hablar con el fisioterapeuta. Me dio su teléfono pero aún no lo he llamado. No entra en mis planes tener un socio y menos una persona que no conozco. Ya he tenido suficiente experiencia con socios durante mi trabajo en Emiratos Árabes y sí, reconozco las ventajas, pero los inconvenientes a veces son mayores, así que ahora he decidido intentarlo yo sola, por mi cuenta y ver qué pasa. Le comenté a Gabriel mi conversación con Juancho pero no se ha pronunciado al respecto hasta el momento.